LAS ALIADAS.

PASSIFLORA

Miles y miles de soldados aliados desembarcaron a finales de 1915 en el norte de Grecia para frenar el avance alemán y la caída de Serbia; detrás, una legión de prostitutas. Sin necesidad de diplomacia ni de tratados solemnes, tales mujeres han logrado desembarcar en Salónica con mas acuerdo y prontitud que la misma Cuádruple Inteligencia. Esta dispone de medios inagotables, de escuadras omnipotentes, de caudales fabulosos y de transportes innúmeros. Las aliadas, por el contrario, no tienen mas que un puñado de francos, un par de vestidos, un estuche de afeites y una enorme caja de sombreros.

A Salónica, los aliados han podido llegar tan solo fragmentariamente, representados nada mas que por Francia e Inglaterra. Pero las aliadas han desembarcado en masa, unánimes, llevando la representación completa de su gremio, sin que falten delegaciones de ninguna metrópoli, ni de la mas remota, pobre y raquítica de sus colonias. Francia ha enviado a sus celebérrimas momês y jamonas parisienses y las mas modestas que pululan por el Quinconce de Burdeos, la Guillotiére de Lyon y la turbulenta Cannebiére marsellesa. Inglaterra, sus pseudo-miss sentimentales de Hyde Park, sus girls gimnastas y amuñecadas de los tugurios manchesterianos y liverpuleses, las floristas de El Cairo y las bayaderas de Bombay y de Arabia. Italia, sus híbridas afrancesadas de Lombardía y Piamonte, y sus  rapazas gitaniles de Nápoles y Sicilia. Rusia, sus circasianas de opereta, sus fofas y blancas bellezas de Odesa, sus cosacas de orillas del Volga y sus rubias gigantescas de Sebastopol.

Solo faltaban ellas en Salónica. A la confusión espantosa de razas humanas que se advierte por doquier; al torbellino de franceses, ingleses, australianos, indios, senegaleses, búlgaros, albaneses, turcos, griegos y judíos; a los rostros que varían ente el negro betún, el rojo pimiento y el amarillo de candela mustia; a la mas complicada delineación de narices y perfiles que ha visto la tierra; y al galimatías ensordecedor de las lenguas contrapuestas hay que oponer todavía las mas abigarradas estilizaciones del arte del afeite y de la pintura o esmalte en carne viva: cabelleras oxigenadas o a medio oxigenar, negras como ébano, castañas, broncíneas o rubicundas; peinados altos como pagodas, prietos como casquetes, luengos como cucuruchos o cortos, a la romana; mejillas bruñidas, labios falsos, ojos aterciopelados, orejas de celuloide y pestañas densas como cepillos.

Nadie sabe por donde vinieron ni si su  llegada fue cuestión de olfato, de necesidad , de puro azar o de instinto. Pero lo cierto es que, apenas los aliados pusieron pié a tierra en Salónica las aliadas desembarcaron tras ellos como otro numeroso y alborozado ejército, a la manera de esas nubes densísimas de aves migratorias que atraviesan los mares y los continentes guiadas por el afán de vivir según la ley de su naturaleza, y tal como vinieron y sin que nadie sepa tampoco adónde se marchan, las aves migratorias, con su equipaje ligero de perifollos y vidrios, van a emprender su regreso. Como en los demás frentes de la lucha europea, en Salónica va a comenzar pronto el otoño fatal para las golondrinas de guerra.

Sino que esas… esas, ¡ ya volverán !

Agustí Calvet ( Gaziel ) Corresponsal de La Vanguardia. dic. 1915.

 

John Starling.

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