SOBREVIVIENDO.

 

Hemos sobrevivido un agosto caluroso y setiembre puede que caliente un poco mas. Sería una pena acabar quemándonos al final de mes. La economía va bien. El consumo generado por el turismo ha ayudado mucho. Si vendes en tu tienda, a lo mejor te decides a cambiar el televisor, pintar el piso, cambiar el cuarto de baño o hasta cambiar ese coche que llevas desde hace siete años y hace algún ruido raro.

Pero el consumo es volátil. La industria tiene mas potencia para mover la economía. Barcelona y su entorno, lo digo siempre y estoy convencido, son el mejor lugar de Europa y uno de los mejores del mundo para la industria y lo que la rodea ( tecnología, logística, formación, consultoría, etcétera ). Y aunque las ventajas del área de Barcelona son bien conocidas en muchas empresas multinacionales, en estos momentos en que la industria se anima en todo el mundo, se están destinando a otros lugares actividades industriales y de investigación que podrían montarse en el entorno de Barcelona. La razón es que en el comité de dirección o en el consejo siempre hay alguien que presenta el cúmulo de consecuencias negativas que podría tener para ese proyecto industrial el tema de la independencia. Es su obligación.

Y la cosa tiene fácil arreglo. Si de verdad la idea de nuestro gobierno es sacar todo el partido posible de nuestra capacidad industrial, por el bien de nuestro país y nuestra gente, expliquemos claramente que el proceso de la independencia será una negociación inteligente hecho de forma que Catalunya no salga ni un minuto de la Unión Europea y el proceso no implique ningún cambio brusco en materia de costes, impuestos, legislación laboral, certificaciones, regulaciones industriales.

Hay muchas cosas que pueden decidirse mejor desde la proximidad al problema. Sabemos que nuestro puerto es un activo fantástico. Y lo importante es que un comité de dirección que se reúne en algún sitio en el centro de Europa también lo sabe y sabe que puede ser clave para su negocio. Y algo parecido pasa con nuestro aeropuerto, con nuestras universidades, con nuestros hospitales. Es lógico que las decisiones relacionadas con todos estos activos puedan cada día tomarse con mayor rapidez y que en esos comités de dirección que se reúnen por el mundo nadie pueda presentar ningún riesgo específico en nuestro entorno.

Hemos perdido centros de I+D que hubiesen podido asegurar el trabajo a unos cuantos buenos ingenieros, biólogos, químicos. Quizás algunos de los mejores de los nuestros que se fueron a otros países podrían volver aquí. Algún inversor extranjero ( conozco varios chinos, por ejemplo ) que estaba considerando seriamente establecerse aquí ha desviado su inversión a otro sitio. Los dos mejores que conozco se han desviado, uno a Madrid y otro a París, reconociendo que era mejor aquí pero que no podían venderlo a su consejo dado lo que dice la prensa, las las consultoras, los expertos, porque no existe una declaración clara y sólida de quienes empujan el proceso garantizando la protección prioritaria del derecho fundamental: nuestra competitividad sin interrupciones.

Es triste que haya muchos votantes con poco conocimiento empresarial y que no han podido profundizar en las consecuencias del proceso si no se hace bien. Para algunos se trata de votar algo importante que les hace ilusión. Y una cosa así, si se hace bien, nos hace ilusión a todos. Pero no se puede jugar con fuego. Los cohetes hay que tirarlos con cuidado. Han de salir rectos hacia arriba. No debe haber niños debajo. Hemos de vigilar de no quemarnos las manos. Nadie nos ha explicado en detalle como se tirarán estos cohetes. Sólo que habrá cohetes.

Muchas gracias a Pedro Nueno.

 

John Starling.

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APUNTE AL NATURAL ( calle )

 

Barcelona. Siete de la tarde. Aribau – Diagonal. Una joven habla por el móvil mientras llora. Tiene el pelo largo, ensortijado y teñido con intención de exuberancia leonina. Lleva un vestido corto, de estampado floral y sandalias de talón ( la del pié derecho tiene la tira del empeine rota y la obliga a andar de un modo grotesco ) De vez en cuando se limpia las lágrimas con el dorso de la mano libre y deja entrever un rostro de piel muy pálida, ruborizado por el llanto y la rabia. Me acerco a preguntarle si necesita algo  pero se da la vuelta y sigue hablando.Podría parecer una turista pero oigo que, en un castellano típicamente barcelonés, dice: “¡Embarazada, tía! ¿ Te lo puedes creer? Embarazada de nueve meses, tía”. Y venga a llorar.

De pequeño me enseñaron que escuchar conversaciones ajenas es de mala educación. Quizás por eso, las escucho con viciosa discreción. Tengo un atenuante: se supone que soy escritor y que, igual que los traperos, vivimos de lo que recogemos por la calle. Enrique Vila-Casas ha escrito sobre la fascinación ce cazar frases al vuelo y saborear su dimensión absurda fuera de contexto. Incluso se publicaron un par de antologías de frases robadas en cafeterías, salas de espera, colas y trenes. No me he sentido culpable porque mi primera reacción ha sido ayudarla así que, en vez de alejarme, he fingido que yo también estaba esperando a saber qué.

Ella seguía hablando, cada vez mas alterada, pero estaba demasiado lejos para entender que decía. Me he tenido que conformar con la observación de una coreografía que la hacía desplazarse arriba y abajo ( como una marea ), mover el dorso de la mano ( como un limpia parabrisas  ) y andar erráticamente ( como un pato desorientado). Interpretar una escena así es temerario pero, por si acaso, he tomado algunas notas con la esperanza de escribir una columna. De entrada, la escena no prometía demasiado. En Barcelona, mujeres que hablan por el móvil mientras lloran desesperadamente, se ven cada día mas. Que dijera “ embarazada, tía” me ha llevado a deducir que le estaba explicando a una amiga que estaba embarazada. El giro argumental ha llegado con el “ Embarazada de nueve meses, tía”. Los nueve meses descartaba que la preñada fuera ella y eso me ha obligado a subir de nivel en la escala de especulación recreativa. Hipótesis: lloraba porque acababa de enterarse que el hombre para el que se había puesto aquel vestido estaba casado, pero no con una mujer cualquiera sino con una embarazada a punto de parir. ¿ Y la sandalia? Había salido escopeteada y furiosa del lugar donde habían quedado con el padre inminente y como las desgracias nunca vienen solas, la tira del empeine se había roto. Con tan mala fortuna que, justo cuando se ha visto con ánimos de llamar a su mejor amiga, se ha cruzado con un desaprensivo que, sin pedirle permiso ni pagarle derechos de imagen, la ha convertido en materia prima de un artículo, tía. 

Muchas gracias a Sergi Pàmies.

 

John Starling.

TRAS LA GRAN BALLENA BLANCA.

descargaMOBY DICK 

Pese a los reiterados desaires de Mariano Rajoy y el PP a Catalunya, y pese a que los soberanistas publicitan como panacea para todos los males catalanes la separación de España, no considero la independencia como una prioridad. Por dos razones.

La primera razón es de orden global: en un mundo convulso, minado por la desigualdad y amenazado por el oscurantismo, los europeos – y los catalanes como tales – deberían sumar esfuerzos en pos de la unión política continental. Su imperativo ético e histórico mas urgente es fortalecer Europa y sus valores, antes que entretenerse en reivindicaciones nacionales.

La segunda razón es de orden local: los políticos catalanes que subordinan el debate económico, social y cultural a la lucha por la independencia no me parecen responsables ni, por tanto, fiables.; lamento decir que no veo en ellos la sustancia necesaria. Como no me parecen fiables cuantos actúan como si tuvieran una única idea. Me remiten a Joan Laporta, que logró escaño en el Parlament y, tras reclamar allí la independencia, casi enmudeció, como si nada mas quisiera o supiera aportar.

Quizás algunos lectores repliquen que Laporta es un caso extremo. No lo discutiré. Pero vista la tortuosa y forzada concreción de una lista unitaria ante la selecciones del 27-S, y visto el acercamiento de Artur Mas a actitudes mas esquemáticas, menos plurales, temo que ciertos aspectos del laportismo sean contagiosos. He aquí una tercera razón para ver con reservas el procés  y a sus líderes.

Entiendo a Mas cuando dice que la cerrazón de Rajoy no le ha dejado mas camino que huir adelante. ( Aunque no es descartable que otro, en su lugar, hubiera logrado mas en Madrid). Pero no puedo aplaudir su deriva excluyente, impropia de quien debe representarnos a todos, y no solo a los que creen que la independencia todo lo arreglará. Su declaración señalando que no hace falta ganar en número de votos el 27-S para seguir con el procés es, cuanto menos, preocupante.

El presidente Mas es aficionado a las metáforas náuticas. Hemos podido comprobarlo a menudo. Le recuerdo fotografiado en este diario, en el 2011, tras asumir la presidencia de la Generalitat, asegurando que la consecución del pacto fiscal era su objetivo, y exhibiendo el timón de una embarcación paterna con los lemas: “Cap fred, cor calent, puny ferm, peus a terra” Este amuleto presagiaba navegaciones a toda máquina, incluso en mares gruesas que exigen al piloto acompasarse al oleaje. Pero Mas se presentaba también como un moderado y un legalista, y proclamaba que hacía falta tejer amplios acuerdos  para abordar cambios de calado.

Luego el Mas mesiánico desenmascaró al prudente, con los efectos de todos conocidos: CDC y el conservadurismo catalán divididos ( como el PSC ), la ruptura de CiU, la escisión de Unió, el seguidismo de las políticas de ERC y, en suma, la voladura del sistema político catalán. La última sesión parlamentaria de la legislatura, con su bronco cruce de reproches, fue otra prueba de que se han sembrado vientos. Estamos lejos del espíritu y los modos políticos que deberían imperar en una Catalunya de veras ideal. Por ejemplo, los que Isaíah Berlin reflejaba en Thre strands of my life: “ El respeto por los demás y la tolerancia ante el disenso son mejores que el orgullo y el sentido de la misión nacional(…)El pluralismo y cierto desorden son, para los que valoran la libertad, mejores que la rigurosa imposición de sistemas”.

Por seguir con las metáforas náuticas, diría que Mas evoca al capitán Ahab, obsesionado por cazar a Moby Dick, la gran ballena blanca, que en nuestro caso, claro está, sería la independencia de Catalunya; un Mas dispuesto a asumir importantes riesgos a tal fin, incluida la posibilidad de enredarse en las cuerdas de los arpones y hundirse con el Pequod, arrastrando a casi toda la tripulación.

Sea cual sea el resultado del 27-S, no creo que Catalunya se vaya a pique como el barco de Ahab. Pero tampoco creo que Europa se alegre de las ambiciones particulares de parte de los catalanes, y las recompense. Bruselas no paga a egoístas. Lo que aquí se justifica en una infundada ilusión puede interpretarse como un anacrónico episodio romantico. Ni creo que la sociedad catalana, estresada por el soberanismo, vaya a abandonar pronto los mares encrespados. Para serenarlos conviene mas sensatez y menos ilusión. El futuro no se labra con el contorsionismo táctico de Mas ni con el pensamiento mágico de la Asamblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural ( cada día menos ómnium y menos cultural, dicho sea de paso).

¿Cómo explicar que tantos catalanes, aún llevados por el deseo de mejorar , o por el hartazgo del centralismo, hallan llegado a creerse que un mero cambio de pasaporte les haría mas libres, felices y ricos? Siento decepcionarles pero, si hay independencia, seguirán siendo los mismos que son ahora. Con una sola diferencia: ya no podrán culpar a otros de sus carencias. No hay soluciones simples y unilaterales para problemas complejos y colectivos; y si las hay, son demasiado caras.

Muchas gracias a Llàtcer Moix.

 

John Starling.

EN NOMBRE DE LOS HIJOS

Y LOS NIETOS.

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En pocos días las referencias a los hijos y los nietos han vuelto a primera línea. Con la elegancia y la frivolidad grandilocuente que lo definen, Barck Obama habló de la salud de nuestros hijos en su discurso sobre la urgencia de combatir el cambio climático. En la noche temática de TV3, Oriol Junqueras también habló de la independencia encarnada en el futuro de nuestros hijos y nietos. Reacción instintiva: cada vez que un político apela a nuestros hijos y nietos, compruebo si me han robado la cartera. Entiendo que debe interpretarse como un instrumento de oratoria que ilustra la solemnidad de una arenga. Apelar a hijos y nietos es a la retórica política lo que los efectos de relámpagos, truenos o caballos a galope eran a las radionovelas de postguerra. También se puede hacer un esfuerzo de imaginación y respetar que la idea de una continuidad transgerenacional tenga una fuerza incontestable, e incluso que responda a a un altruismo auténtico. ¿ De dónde me viene, pues, este recelo? De sospechar que el idealismo se utiliza para justificar la propia biografía en función de objetivos superiores.

A veces es la justicia, o la humanidad, pronunciadas con una altisonancia silábica a prueba de luxaciones maxilares. A veces el énfasis tiene dimensión doméstica, como en los brindis de aniversario en los que el abuelo homenajeado se sumerge en océanos de complacencia que ignoran los episodios de mezquindad o negligencia. En manos del idealismo, hijos y nietos son una tentación. Barnizan de grandeza sentimental cualquier discurso y son la causa para justificar la precipitación, el cálculo o un respeto relativo al rigor o la legalidad. Ah, y que a nadie se le ocurra pensar en los hijos y nietos reales de los políticos en cuestión.

La crudeza de la realidad no siempre coincide con la prospección del deseo. De pequeño recuerdo haber escuchado a mas de un predicador de la fraternidad universal y proletaria que, por conveniencia narrativa, utilizaba a los hijos y nietos como pólvora sentimental. Por suerte mis padres no pertenecían a esta escuela de oratoria. Pero mientras alguno de sus camaradas afirmaba luchar desaforadamente y apelaba al futuro de sus hijos, recuerdo que el hijo en cuestión, allí presente, buscaba piedras aerodinámicas para apedrear a los gatos de la zona. Para apreciar la relatividad de estas proclamas transgeneracionales  que tanto gustan a ciertos políticos, basta vernos a nosotros mismos discutiendo con nuestros hijos. Cuando intuimos que se nos acaban los argumentos de autoridad, sacamos el miserable comodín de “ con lo que tu padre y tu madre hemos hecho por ti”y otros duros sevillanos de la bolsa del chantaje familiar.

No pasaría nada si Obama o Junqueras afirmaran que defienden lo que defienden no pensando en hijos y nietos sino en la propia satisfacción de vivir de acuerdo con sus ideas. Una ideas que a menudo no tienen nada que ver con las de los hijos y nietos. Porque, por suerte, o por desgracia, el idealismo no es hereditario. Si lo fuera, hace tiempo que la industria de la vasectomía lo habría notado.

Muchas gracias a Sergi Pàmies

 

John Starling.