LOS CUPEROS.

 

Un día de invierno de 2.o12, a pocas semanas de su reelección como representante de la CUP en el Parlament de Catalunya, un señor vestido de ejecutivo se cruzó con el diputado David Fernández en el paseo de Gracia de Barcelona. El hombre paró en seco, le dio la mano y le dijo: “ Por favor, hagan limpieza”. 

Un año después de aquel encuentro en la primera fase, el diputado Fernández mostraba una sandalia al banquero Rodrigo Rato – “ nos veremos en el infierno, hasta luego, gángster” – durante la comparecencia del entonces presidente de Bankia ante la comisión que pretendía investigar el comportamiento de las entidades financieras durante la crisis. Nunca se había visto algo parecido en el Parlament. Quince meses mas tarde, los telediarios mostraban a un agente del Servicio de Vigilancia Aduanera empujando la cabeza de Rato para introducirle en un coche policial en calidad de detenido.

La escena del paseo de Gracia tuvo recorrido. En noviembre del 2014, el diputado de la sandalia era elegido presidente de la comisión sobre “ el fraude y la evasión fiscal y las prácticas de corrupción política”. A lo largo de varias semanas, los lunes al sol del Parlament de Catalunya fueron la pesadilla de algunas personas de relieve durante los años que Jordi Pujol se hizo acreedor del título de El Virrey, según la mejor biografía que se ha escrito del personaje. Toda la familia Pujol pasó por la comisión.

La ponencia se cerró con un texto amortiguador, pactado por los partidos principales, pero durante semanas el lado  oscuro de la política catalana estuvo en exposición pública. No ha habido experiencia similar en el Parlamento español y en otras cámaras autonómicas. Imaginemos una comisión parlamentaria sobre el caso Bárcenas en el Congreso de los Diputados, presidida por un diputado del ala anticapitalista de Podemos. Imaginemos algo parecido en los parlamentos de Andalucía, de Valencia, o de Galicia. Pueden escribirse muchas crónicas intempestivas sobre los pecados ocultos de la sociedad catalana – algunas desgraciadamente pierden brillo literario cuando quedan anegadas por el resentimiento –, pero esa comisión existió y la presidió la CUP.

¿Qué es la Candidatura d’Unitat Popular? No es fácil de responder. Es un partido a la izquierda de la izquierda que nunca ficharía a un general de la Otan para reforzar su reputación y abrir el compás electoral en dirección al centro. Resistente a la posmodernidad, la CUP es hija de diversas tradiciones radicales, pero está mas emparentada con el antiguo POUM, que con el viejo PSUC y su pasión por el realismo político. La CUP es una vivencia. Es una reencarnación de los fraticelli, con guión de Pier Paolo Pasolini.

David Fernández presidió la Comisión Pujol y se convirtió en el político catalán mas valorado en las encuestas. La regla monástica le impidió encabezar por segunda vez la lista electoral. De haber repetido, los cuperos tendrían hoy mas de diez diputados y un papel todavía mas determinante para la estabilización, o no, de la mayoría independentista.

¿De dónde salieron los 337.794 votos obtenidos  por la CUP el 27 de setiembre? La respuesta es fácil: salieron del interior del cráter Pujol, de los tejidos sociales heridos por la crisis, del funcionariado mas irritado y de algunas zonas bienestantes. ( Siempre hay un toque chic en la radicalidad catalana ). La CUP mas la candidatura catalana de Podemos sumaron 705.407 votos ( 17’7 % ), casi tantos como Ciudadanos ( 17’9 % ). Mienten quienes escriben que Catalunya es indiferente a la corrupción. Ocurre todo lo contrario. La actual radicalización política de la sociedad catalana es consecuencia  directa, entre otros factores, de la desmoralización provocada por la corrupción. Artur Mas depende hoy de la CUP como consecuencia de las radiaciones del cráter Pujol.

No son gente fácil de domesticar. Al igual que aquellos franciscanos espiritosos de la Edad Media que tanto entusiasmaban a Pasolini  ( apostólicos, miguelistas, begardos, beguinas, joaquinitas y fratre d’opinione), los nuevos fraticelli son rigoristas. Son gente leída, poseen un fuerte sentimiento de comunidad, la mayoría de ellos tiene poco que perder, están dispuestos a aplicar sus ideas, y se sienten llamados a ajustar cuentas con el partido que ha gobernado Catalunya durante 28 de los 35 años de autonomía. “ Ara és la nostra”, viejo lema catalán de la menestralía radicalizada.

CDC seguramente se ha equivocado estos días al aplicarles el protocolo ERC: adulación, concesiones retóricas y programáticas y presión fiscal en las redes sociales para asegurar la obediencia. La CUP no es Esquerra. Está fabricada con otros materiales. Los convergentes aprueban hoy una resolución que se halla lejos de su cultura política sin haber obtenido nada a cambio. El error táctico es inmenso. Las consecuencias impredecibles. 

La CUP es radical, indómita y poco dada al realismo político. La enorme presión que caerá sobre los fraticelli entre hoy y el nueve de enero puede dar material para una nueva versión de Uccellacci e uccellini, aquella entrañable película de Pasolini en la que un cuervo parlante divide la humanidad entre pajarracos y pajaritos. ( 09/11/2015)

Muchas gracias a Enric Juliana.

 

John Starling.

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