SEGUNDA TRANSICIÓN.

  

Llega un momento en el que el equipo que domina el juego se confía. Ha conseguido encerrar a su rival en su área y el gol definitivo  se da por hecho. Pero de repente, el equipo contrario elabora un rápido contragolpe y consigue un gol, lo que cambia por completo las expectativas del encuentro. Es lo que puede  ocurrir con las dos esferas políticas que hace años se disputan, cual mundos paralelos, el relato político de los catalanes.

Durante años, en Catalunya, el marco ha sido estrictamente catalán. Se daba por hecho que cualquier referencia a la política española era o una manera de perder el tiempo o una forma de traición. Pero de repente dos factores se han puesto de acuerdo para facilitar un cambio radical de narrativa: la campaña de las generales españolas es muy interesante y anuncia cambios de paradigma, mientras que las eternas negociaciones catalanas describen algo mas que dificultad táctica. Describen fatiga de materiales.

En estos días de campaña se está hablando de segunda transición.Pero el primero que utilizó este término fue José María Aznar. Lo hizo en sentido restrictivo. He escrito sobre ello en estas páginas y no quisiera repetirme. Aznar, aprovechando muy hábilmente la indiscutible razón moral de la lucha contra ETA se propuso reunificar España, esto es : corregir en sentido recentralizador lo que él, ya desde sus años de funcionario de la Rioja, consideraba el error principal de la Constitución: el título VIII. No importa que, en realidad, Aznar, por razones tácticas ( es decir: sus pactos con Pujol ) fuera uno de los presidentes españoles mas concesivos con el nacionalismo catalán. Lo importante era el relato: la visión de España que su gobierno y su entorno mediático pusieron en circulación. Importante es recordar que dicho relato no solo fue obra de Aznar o FAES : contribuyeron a elaborarlo un grupo de intelectuales partidarios del republicanismo cívico y abanderado de la transición ilustrada que, describiendo la democracia en términos estrictamente franceses  ( como si la Suiza confederal o el Reino Unido no fueran democracias ), atacaron al catalanismo identificándolo con la premodernidad. Exigían la desaparición del filtro de la nacionalidad entre la ciudadanía y el Estado. 

La tensión que Aznar introdujo en su relato de España  suscitó en Catalunya una reacción alérgica ( la ERC de Carod ), que, sumada a la anemia final del maragallismo y a la debilidad ideológica del PSC, acabó generando los errores del tripartito, la experiencia frustrante del Estatut, la reacción tremendista en contra del Estatut por parte del PP, la sentencia que lo dejaba todo en un callejón sin salida y, finalmente, la situación actual. Una situación que podríamos describir en estos términos : el independentismo rellenó el vacío y, aprovechando la dinámica negativa que había dejado la sentencia del TC, propuso un giro de 180º. Enseguida logró generar una dinámica popular, confluyó con el nacionalismo en transito generacional y ha obtenido un resultado espléndido, pero corto: 47% . Un resultado en forma de canto del cisne. Las dudas de hoy no son tácticas ( aliarse o no con la CUP): son la constatación de los límites.

El gran error del soberanismo fue ignorar la complejidad interior catalana. Del mismo modo que la visión hegemónica de España, vigente desde José María Aznar, se empeña en ignorar la complejidad interna española y sigue insistiendo en una idea muy discutible: la democracia o es a la francesa o no es.

El hecho es que podría ser la democracia suiza, alemana o anglosajona, pero no hay que ir tan lejos: Ernest Lluch y Miguel Herrero de Miñón encontraron un buen antecedente histórico en casa, el austriacismo.

Ahora soplan vientos de cambio. Soplan fuerte. Domingo ( 20/12) conoceremos su alcance. Entraremos en una nueva época ( que seguramente requerirá para confirmarse unas nuevas elecciones generales dentro de un par de años ). De momento, una novedad ya es visible: las nuevas generaciones de políticos españoles tienen una solvencia y una formación muy superiores a lo que conocíamos ( se pudo ver en el debate de Atresmedia ) y, además, posen un talento comparable a lo líderes de la transición. Por primera vez en muchos años, varios políticos encaran la solución de los problemas españoles sin cainismo. Quizás ( repito: quizás ) estamos ante la posibilidad de enmendar errores de años atrás y de regenerar España.

Si la impresión mía se confirma, significará que hemos entrado de veras en una segunda transición. Sería suicida que el catalanismo, ensimismado en su canto del cisne, diera la espalda a este otro proceso. Y sería una nueva oportunidad perdida si los nuevos políticos españoles pretendieran que el catalanismo debe pasar previamente por el aro. Al contrario, ahora que sufre cierta depresión posparto, es el mejor momento para ofrecerle una silla en primera fila. Regeneracionismo político, inclusividad cultural, fraternidad social y sentido trágico de la historia son condiciones esenciales de la segunda transición. Si uno de estos factores falla, el nuevo edificio se derrumbará por falta de fundamento.

Muchas gracias a Antoni Puigverd.

 

Jonn Starling.

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