CATALUNYA NO TIENE SOLUCIÓN.

La cuestión de  Catalunya no tiene arreglo. La Qüestió, como la denominaba escuetamente en los años treinta Joan Comorera, se mantiene irresoluble. Ni los independentistas tienen suficiente apoyo social para desbordar al Estado español, como quedó perfectamente demostrado en los Hechos de Octubre, ni el Estado está en condiciones de disolver el independentismo mediante una audaz reforma constitucional, para la que no existen apoyos en la sociedad española. Abandonad toda esperanza: no hay solución.

Aunque la nueva coyuntura económica exhale un cierto aroma zapaterista, el Gobierno de Pedro Sánchez no se va a guiar por el optimismo meloso y astuto del presidente leonés, que en los primeros años de su mandato creía tener cura para todos.

Gracias a ese contumaz optimismo, Zapatero abrió surcos profundos en favor de las mujeres y el colectivo LGTB. Surcos que han cambiado España. Hoy todo el mundo se lo reconoce. Por culpa de ese optimismo, cometió el peor de los errores: negar la evidencia de la crisis económica, mientras la sociedad la comenzaba a padecer. aquella obstinación anuló la credibilidad del PSOE, como partido gestor, de manera que un súbito cambio de tendencia en la coyuntura económica en los próximos meses podría llevarse por delante el frágil experimento Sánchez. El día en que aparezcan nubarrones en el horizonte – algunos economistas y banqueros pronostican una seria recaída de la economía europea dentro de uno o dos años – se convocarán elecciones de inmediato. Sánchez no es un optimista contumaz como Zapatero. En setiembre del 2016 fue defenestrado en la calle Ferraz y sabe lo que se siente en el vuelo hacia el asfalto. En aquel tiempo casi nadie daba un euro por él. Durante las primarias socialistas, mucha gente influyente le menospreció. Uno de los pocos diarios de difusión general que publicó una entrevista con el candidato Sánchez con llamada en portada fue La Vanguardia. Sánchez es un superviviente, tocado por la Fortuna. “La vida y la política se componen de Virtud y Fortuna”, escribió Maquiavelo. Al nuevo presidente le corresponde ahora demostrar mérito, esperando que la Fortuna no le traicione con una caída económica.

Sánchez sabe que la cuestión de Catalunya no tiene solución, ni en esta legislatura, ni en la que viene, de manera que actuará guiado por el más estricto realismo. Intentará modificar en lo que pueda la relación de fuerzas anímicas en Catalunya empleando un código pacificador.

Nada importante cabe esperar de la próxima reunión entre Sánchez y el presidente vicario de la Generalitat, Joan Torra. El traslado de los presos soberanistas a Catalunya es un mensaje más dirigido a la sociedad catalana en su conjunto que a las dirigentes independentistas, que a su vez tampoco esperan ninguna solución. Su prioridad ahora son las elecciones municipales. ERC quiere votar sola. El PDECat, también. Y el círculo de Berlín quiere reventar a los dos partidos con el ardid de las listas unitarias.

Voluntaristas y terceristas de buena fe, abandonad toda esperanza: no hay solución. Sólo desde una radical ausencia de solución puede que algo cambie.

Muchas gracias a Enric Juliana.

 

John Starling.

 

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