LLUVIA DE GUSANOS.

 

Los que comparten la actividad de dar caminatas por la montaña que fusiona belleza , sudor y pensamiento, adoran el paisaje, idolatran la flora. Por eso me duele tanto tener que escribir que estos últimos días comienzo la caminata habitual con una mezcla de asco e inquietud. Mientras miro el cielo esperando el agua que no llega, es probable que una lluvia de gusanos caiga sobre mi cabeza.

Unas orugas peludas, de color verde pistacho con rayas negras, se están comiendo las hojas del boj. Nacidos de los huevos de unas pequeñas mariposas blancas  ribeteadas de negro, estos gusanos fabrican un pegajoso y resistente hilo de seda, que usan para desplazarse. Bailan colgados de este hilo sobre los caminos, pero en el corazón del bosque , construyen verdaderos presidios para los arbustos del boj: una especie de telaraña de finísimos barrotes. Observadas las hojas del boj con  detalle, aparecen miles de diminutos huevos amarillos. Miles de famélicas orugas devorarán las hojas hasta dejar la planta en sus huesos. Miles de mariposas volarán después para poner los huevos en otros parajes.

Esta plaga diabólica ( Cydalima perspectalis ) no tiene cura en Europa. En el 2007 se detectó en Alemania. Un comerciante de plantel de boj, lo importó de la China, olvidando que en Oriente, esta mariposa y sus gusanos no son un problema porque allí tienen depredadores. Ningún pájaro se come en Europa la Cydalima. Ha eliminado el boj en Francia y ahora destruye los nuestros.

Ya los romanos utilizaban el boj para formar setos. La jardinería renacentista ya los usaba como planta ornamental. Todavía son apreciadas las cucharas de boj para cocinar. El boj crece muy lentamente, pero puede vivir unos 600 años Forma unas fantásticas matas, siempre verdes. Desaparecerá de los bosques ibéricos.

No es la única plaga que atormenta las plantas. La procesionaria del pino ya es un clásico. De los montes del prelitoral catalán llegan noticias de una terrible oruga ( Lymantria  dispar ), que seca el alcornoque. En California se están muriendo los naranjos por culpa de la plaga del “ dragón amarillo”: ¡que se preparen los valencianos ! De la península italiana ha saltado hace un par de años a la ibérica una bacteria ( Xylella fastidiosa ) que mata los olivos. Ninguna de estas plagas tiene cura. ¿ Nos quedaremos sin naranjas y sin aceite?

Entre el cambio climático y estos azotes, ¿ qué naturaleza espera a nuestros hijos y nietos? Habría que centrar los esfuerzos en combatir estos problemas esenciales. Pero ya se ven cuales son las prioridades de los líderes del mundo. Y ya se ve, también , cuales son nuestras inquietudes. Déjenme desahogar con un final demagógico : estamos pendientes de un diluvio de millones sobre el voluble Neymar, mientras llueven orugas en los bosques.

Muchas gracias a Antoni Puigverd.

 

John Starling.

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OTRA BARCELONA.

 

A estas alturas del calendario, verano de plomo líquido, el extrarradio ya llevaría calzando aquellas sandalias de plástico. Enternece recordarlas. Entonces prácticas, después horteras, luego camp, quizá kitch y hoy vendrían a ser vintage o retro. Los términos cambian. Y las épocas. Y los estilos artísticos. Las sandalias plastificadas, con hebilla oxidada, eran como el esqueleto de un zapato. La radiografía de un pie. Transparentes en un tono acaramelado. Otras en color rosado y opaco, anaranjado de saturación débil, que hoy, los que saben, definirían : nude. Una jaula plastificada. La protección veraniega de la pisada infantil. La libertad inocente. Y el relajo estival. Si Duchamp o Warhol hubieran tenido conocimiento de esta anomalía de chancla, tan nuestra, la habrían convertido en un icono artístico. Siempre necesitamos a un extranjero para valorar lo propio.

Veranos en la periferia. Urbanos. De piscina pública y merienda en el zoo. Vacaciones a ningún sitio.  Excursiones a Montjuic, Les Planes y el Tibidabo. El trayecto ya era la aventura y el alivio familiar. De Sants, Horta, Guinardó,  Sant Martí…al rompeolas, en el piso de arriba de un tranvía imperial. Y a pescar (o ¿ cazar?) cangrejos, bien calzados con las imprescindibles sandalias que quizá de dicho uso le vienen el nombre de cangrejeras. Seguro. Valían para el río, el mar o cualquier humedal. “ Niño: si te fijas bien, al fondo está Mallorca”. Como cada año.

Unos estíos surrealistas, de camiseta imperio, sillas vueltas. Y vida en la calle. Cenas a la intemperie. El olor a fritanga colándose de ventana a ventana. Baño semanal en el lavadero. Ropa tendida y geranios en los balcones. Las vecinas antes cantaban. Y habían planes para el próximo verano mientras bebían suau, café y gaseosa, muy popular antes de la cola. De mano en mano: la postal de un vecino viajando. Alguien aparecía con un artefacto moderno y nuevo: “ Es americano”. Algo  americano era garantía segura. Sería por la VI Flota, que eran altos, guapos y daban chicle a los niños y se meaban en los biscúteres.

Los psiquiatras advierten que añorar el pasado es cosa de viejos. No es el caso. Lo aquí contado tiene poco que añorar. Eran tiempos tristes, conformados, de humillaciones colectivas, de precariedades. Sí, la pena subía distrito arriba. Barcelona era aún una ciudad compartimentada en barrios.

Muchas gracias a Joan- Pere Viladecans.

 

John Starling.